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sábado, 19 de enero de 2013

Montegordo y Costa Esmeralda, Veracruz.


Hace algunos meses hice un viaje con mis padres por la costa norte de Veracruz antes de que ellos dejaran su casa en ese estado. A mi madre se le agravaron sus problemas respiratorios con la humedad y los cambios de temperatura. Eso, aunado a la ola delictiva (secuestros, asaltos, extorsión, etc.) que se vivió antes de las elecciones presidenciales del año pasado, provocaron que mis padres dejaran la casa en donde habían estado viviendo los últimos tres años, y a la cual precisamente habían llegado para alejarse de la contaminación, el bullicio y el crimen de la Ciudad de México.


Encontré el mismo mar de siempre.  El mismo que vi por primera vez en mi vida cuando tenía alrededor de un año de edad. Playas de arena oscura, corrientes de agua que creaban olas que se cruzaban, se encimaban, luchaban unas con otras... y un cielo azul pintado de nubes alargadas y finas, otras pesadas e infinitas y otras macizas volando a gran altura. 



Caminé por la playa que conocía tan bien encontrando aquí y alla diversos objetos traídos por las olas. Encontré un tintero que escribía historias submarinas, historias de pescadores tostados por el sol, de monstruos marinos y lanchas que se mecen en el fondo del oceano.


Encontré monumentos que desafiaban a los vientos frios y que se recortaban orgullosos contra el cielo inquieto. Silenciosos. Solemnes.


Encontré edificaciones hechas de espuma salada que reflejaban todos los colores del arcoiris y que temblaban timidamente hasta desaparecer sin haber dejado testigo alguno, volviendose sal, arena y un suspiro.


Encontré también un corazón enmarañado, cansado de sufrir, convertido en roca por su duro palpitar, esperando el momento de liberarse de esos sentimientos que lo atribulaban. Quise ayudarlo pero sabía que él solo encontraría su liberación y eso lo haría más fuerte y puro.


Otros seres dejaban pasar la luz a través de ellos y uno podía ver el mundo todo distorcionado. A veces se arrastraban por la playa delicadamente, otras veces, el viento los hacía volar a su antojo como meros juguetes.


Otros ya se habían cansado de luchar y simplemente yacían a merced de las olas... con cada ola parecía irse escapando algo dejando líneas luminosas.


Había también casas en forma de pez, con sus bardas de algas, jardines de conchas y caracolas, caminitos hechos de piedrecillas y cangrejos que tocaban alegres melodías al atardecer.


Otras veces encontré pescados rodeados de cristales brillantes en un abrazo amoroso, con sus ojos perdidos y oscuros, con sus escamas plateadas centelleando como armaduras de metal.  Preferí no molestarlos y seguir mi camino.


A veces me daba cuenta de que todo eso era basura y que venía de muy lejos viajando por los arroyos y los ríos hasta llegar al mar: montones de plástico, metal y vidrio cuya desintegración tardaría -quizás- más que lo que durarían nuestras vidas.  


Incluso pude asistir al último aliento de un dragón que entregaba su cuerpo a los oceanos. Ajeno a este tiempo y  su ajetreó, por fin quedó ahí tirado convirtiendose en un tronco enrredado y podrido.

Todo eso estaba ahí, mas o menos invisible. Solo se podía observar buscando lo que no se puede tocar, lo que no existe y tal vez nunca existió... Y sin embargo ahí estaba.

Un gran saludo a mi hermosa familia de Veracruz.  Los extraño. 
Otro saludo bien grande a Sophie en Francia porque algún día quiero ilustrar un cuento que ella escriba. Un abrazo.

martes, 26 de abril de 2011

Pez de otro planeta.


Esta ocasión no hubo islas voladoras, ni monitos haciendo una pachanga en la playa, o historias de brujos siempre en contacto con el mar. No, mi mente estuvo en otro lado y realmente no hubo mucho que hacer al respecto. Sin embargo traté de hacer algunas pruebas para saber como se vería una ilustración de papel con un fondo real como pruebas para un libro ilustrado. La ilustración aquí mostrada de un ser otro planeta con aspecto de pez poco tiene que ver con lo que tengo planeado pero creí que algo así de extravagante me podría servir para saber si mi idea podría funcionar.


Las fotografías las tomé en Costa Esmeralda en Veracruz durante estas últimas semanas que visité a mi familia. Es una playa de arenas grises y corrientes caprichosas en sus aguas, un lugar muy bonito aún en estos días en que un gran número de personas de la Ciudad de México y Puebla lo llenan para disfrutar de la playa. Uno puede encontrar un gran número de objetos arrastrados por el mar que a veces vienen desde remotos lugares traídos por los ríos o los esteros hasta la costa, de hecho era la idea hacer un gran número de pruebas con todo esto, pero era tal el número de personas en la playa, que resultó muy difícil encontrar un momento en que alguien no pasara por atrás de la toma.

No se que vaya a pasar en los próximos días, tal vez publique mucho o nada, en realidad no estoy de humor, me siento mal y me duele la cabeza, y mi mente anda muy muy lejos... les pido mil disculpas.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Dibujos con tinta china de la Costa Esmeralda, Veracruz

Viejo de Mar (Veracruz, Julio 2010)
Durante el mes de julio tuve oportunidad de viajar a la zona norte del Estado de Veracruz, concretamente a la zona de Martínez de la Torre y Costa Esmeralda y creí conveniente cargar conmigo algunos instrumentos de dibujo para hacer ilustraciones como hace mucho no hacía. Así como en otras oportunidades que he viajado que he elegido llevarme crayolas, pinturas vinci, pastel o pluma, en esta ocasión me llevé sólo tinta china y unas plumillas.
El Icaco (Veracruz, Julio 2010).

Desde la casa donde me quedé durante esos días podía ver un árbol de Icaco, cuyas frutas tienen un agradable sabor. Este arbol crece sobre todo en la costa por lo cual es un poco raro encontrarlo tierra adentro. Además de ver el icaco, podía observar un rótulo de Cerveza Corona. Estuve pensando por dos días si debería incluirlo en el dibujo y al final decidí hacerlo. Choca un poco pero ahí estaba y también le da cierto saborcito, al cual le digo yo "grasita".

Frontón (Veracruz, Julio 2010)
Una tarde que salí a caminar llegué a un jardín y a un costado había un frontón, y como es costumbre de todas las tardes, cientos de aves cubrían los árboles, los faroles, las palmeras y claro, la malla que protege el frontón. Todas ellas haciendo toda clase de sonido, limpiandose, pavoneandose, como si se reunieran a comentar los chismes del día.

Sapo + 7 moscas (Veracruz, Julio 2010)

Por la noche en el jardín justo unos minutos antes de llover parecía que la tierra borboteara, se escuchaban sonidos debajo de las plantas y en las grietas, eran las ranitas y sapos que estaban a punto de salir y cantaban alegremente. Además de cantar, casaban insectos. Si bien es un dibujo muy raro tenia ganas de hacer un ejercicio con varios tipos de achurado y que más que una forma concreta fuera algo con lo cual jugar.


Apolo trae algo en la cabeza (Veracruz, Julio 2010)

A pesar de estar por allá me llevé arrastrando algunas ideas de la ciudad, impresionado por una obra con la que participó Apolo Cacho en la exposición de fin de cursos de la Esmeralda, me quedé pensando como serían las formas del pensamiento de Apolo y surgió este dibujo, que representa a Apolo expulsando una idea, tan visceral, brillante e impactante como siempre.

Una casita bajo el mar (Veracruz, Julio 2010)
Estando en el mar me gustaba ver las formas de las nubes y las corrientes que chocan en la costa, así como todos los animales que mueven sus vidas al vaiven de las mareas. Esta es mi interpretación de una casa bajo el mar con su jardín y todo.

Villa Cangrejo (Veracruz, Julio 2010)
Yo había estado muchas veces en Costa Esmeralda para ser precisos en Monte Gordo, y nunca había tenido oportunidad de ver las chimeneas que se ven bajo el agua y que según algunos son construídas por los cangrejos. A veces parece que echaran humo, pero solo es en realidad arena expulsada por un poderoso chorro de aire y agua. Aqui una compilación de todas las que ví.

El Jardinero Fiel (Veracruz, 2010)

Además de los temas submarinos, también me quedé pensando en muchas escenas de sueños que tuve antes de viajar y aquellos que me sucedieron ya estando en Veracruz. Mis sueños siempre son oscuros y no hay muchos seres vivos, todo luce como lugares abandonados y siempre hay mucha agua. Se me ocurrió dibujar un jardinero pero al verlo finalizado más parece un templario. No sé, algo tiene de melancólica la figura.


Serpiente marina con chimeneas (Veracruz, Julio 2010)

El mundo es un lugar muy vasto y extraño y los rincones de la mente otro tanto, un salto en el agua de un pez, o una corriente fría que se extravía en el mar y llega hasta nosotros en la cabeza puede formarse una serpiente, una maquina, una criatura extravagante.
Espero que les hallan gustado, estos son tan sólo los dibujos que terminé estando allá. Aún tengo otros que tengo que terminar y otros por realizar. Quiero agradecer a Francisco Moyao hijo quien muy amablemente me regaló papel fabriano para realizar estos dibujos.
Y muchos saludos a mi gente de Veracruz a quien tanto amo. Muchos besos y abrazos.